Te odio

—N-no puede ser, Aiden… Mierda, ¿Dónde la dejé?

Erina rebusca entre las cosas guardadas en la parte trasera de la furgoneta mientras Aiden le hace frente al colosal monstruo.

—Sé que la había dejado por… ¡Aquí está!

Toma con firmeza el pesado revólver, está descargado, pero no tarda en encontrar también la caja con balas sueltas que habían traído desde la comisaría. Sus manos tiemblan, cuesta cargar los cartuchos en el tambor del arma, pero lo logra y agarra un puñado más de balas y las guarda en uno de sus bolsillos.

Corre al lugar donde ambos están luchando, pero—

Es demasiado tarde, el tiempo parece detenerse, y ante aquellos ojos abiertos en ingenuidad por lo que está apreciando, Aiden se encuentra en el aire. El gigante lo arroja hacia el bosque, y su cuerpo se estampa contra un árbol de forma horrenda.

El tronco se sacude por completo, un par de aves que posaban en su copa se van volando despavoridas. El ruido de su cuerpo al caer en la tierra se escucha con una claridad aterradora, no hay más movimiento, solo silencio.

Erina queda paralizada, sus piernas no responden, sus manos, aquellas que tomaron el arma con miedo, pero también con decisión, ahora no son capaces de levantarse. Desde las palmas de sus manos hasta las puntas de sus dedos se sienten entumecidas, sus pies siguen el mismo camino, pareciera que podría perder el equilibrio en cualquier momento.

Un zumbido parece invadir su cabeza. Erina cierra los ojos con fuerza y grita—

—¡Aiden!

Corre hasta la barrera de seguridad de la carretera, y ahí de pie, apoyándose con sus manos en el borde, Erina mira el cuerpo de Aiden recostado sobre la tierra y el pasto. Mira como intenta ponerse de pie, como expulsa sangre por la boca al toser, como se arrastra por el suelo con un solo brazo…

—¡Aiden!, ¡Levántate…!, por favor…

—¡Me lo prometiste!, ¡Me dijiste que te quedarías conmigo!

—¡Por favor!, ¡Ponte de pie!

El coloso con una mano en su ojo, se pone de pie y se acerca ligeramente para observar el lugar donde Aiden aterrizó.

Sus manos y brazos tiemblan, pero esta vez no por miedo. Erina toma el revólver con ambas manos y lo apunta hacia la cabeza el gigante.

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Con sus ojos vidriosos y una expresión de rabia clavada en el rostro—

—¡Esto es tu culpa! —Dispara.

El retroceso y el sonido de la bala siendo disparada son enormes, resuenan por toda la carretera y el bosque. La bala impacta en el costado de la cabeza del gigante, algo de sangre salpica al penetrar su cráneo y la fuerza del disparo parece ser suficiente como para hacer que se tambalee.

La bestia se detiene en seco.

Y en el frío pasto donde Aiden yace, la voz en su cabeza aún insiste.

¿LA ESCUCHASTE?

No puedo oír nada.

¿QUIERES EXPERIMENTAR CÓMO SE SIENTE?

TRATA DE NO PERDER LA CABEZA.

Aquellas palabras aún resuenan en su cabeza, un eco grave que se pierde en la profundidad de su mente.

Un dolor agudo en el pecho provoca que Aiden comience a torcer sin parar, sangre cae por su boca como si se estuviera deshaciendo de ella.

Se apoya en el árbol con su brazo derecho y se pone en pie casi por pura inercia, como si algo lo hubiera levantado. Sosteniéndose con su hombro, posa su mano en su pecho, intenta calmar el dolor, pero otro comienza a tomar su lugar.

Su brazo izquierdo se levanta ligeramente por su cuenta hasta llegar a un tope. Junto a una crepitación ruidosa, su brazo roto comienza a reajustarse, sus huesos toman su lugar, tensando los músculos y nervios a un nivel que parecieran desgarrarse ante el más mínimo tirón. Aiden aprieta los dientes y los parpados, intenta callar su voz ante el dolor, pero no puede evitar soltar gruñidos ante cada movimiento retorcido de su brazo.

Siente como cada nervio está volviendo a reconectarse, como cada fibra de músculo rota comienza a unirse con una nueva, y al terminar, cae por su propio peso y se arrodilla en el suelo. Ahora puede volver a mover su brazo, lo prueba apretando y soltando su puño.

¿Qué fue lo que pasó?, ¿Volvió a…?

Voltea a ver el lugar donde tiene incrustada la astilla, la toma con fuerza y la arranca de un solo tirón. La herida sangra por momentos, pero se detiene en un par de segundos.

¿Qué me está pasando…?

Una presión diferente invade su pecho, su vista aún está ligeramente borrosa, pero hay algo dentro de sí que lo incita a moverse.

Miserable…

No puedo escuchar muy bien, hay un pitido en mis oídos, pero mientras pueda verlo, aunque sea su silueta…

¡Voy a matarlo!

¡Atravesaré su maldito cráneo!, y…

¿Qué carajos me pasa?

¡Mierda!

Sus dientes chirrían por la presión, aprieta los puños con tanta fuerza que podrían hacer sangrar sus manos.

Algo comienza a recorrer su pecho, una sensación conocida. Raíces crecen y recorren parte de su brazo izquierdo y su cuello, pero se detienen antes de llegar a su cabeza. Su rostro arde de forma anormal, como si fueran quemaduras químicas, Aiden se aferra a su lado izquierdo de la cara para intentar calmar el dolor.

¡No puedo calmarlo!, ¡No puedo calmarme!

Siento que mi cuerpo va a explotar, algo me está recorriendo desde dentro.

Si esta es la fuerza de la que hablaba…

Aún ante el dolor, su mirada se afila y se clava en la bestia.

¡Entonces la aprovecharé!

Se agacha rápidamente para tomar su espada y corre hacia el borde de la carretera. Al llegar, escala uno de los árboles como si fuera un animal salvaje, clava los dedos de su mano izquierda en la corteza y, propulsándose con las piernas, sube a saltos hacia la copa mientras sostiene la pesada espada únicamente con la derecha.

Con solo tener a la colosal bestia a la vista, despega desde la copa del árbol con una fuerza tal que pareciera que el tronco se fuese a romper. El monstruo lo nota y pone su brazo delante de su cabeza, donde Aiden aterriza con su espada por delante, clava el filo por completo en el antebrazo del gigante.

La carne cede, Aiden se sostiene apoyando las piernas en el brazo y tira hacia abajo. El hueso chirría y los músculos se rompen y cortan con suma facilidad, la criatura ruge de rabia y sacude su brazo con un fuerte revés que lanza a Aiden lejos junto a su espada.

Al aterrizar, el polvo del camino se levanta frenético a su alrededor. Rueda sobre sí mismo para frenar el impulso, y la espada raspa contra el concreto arrancando una lluvia de chispas.

VAMOS, ÉL TE HIZO DAÑO, NO VA A DETENERSE.

LO ODIAS, QUIERES HACERLE DAÑO.

Su respiración se acelera aún más, arruga el entrecejo y muestra los dientes como si fuera un lobo intentando amenazar a su presa.

TIENES QUE MATARLO, PARA ESO ESTÁS.

LOS ODIAS A TODOS, TE DEJARON ATRÁS, LES ABRISTE TU ALMA Y SOLO LA DESPRECIARON.

NO NECESITAS A NADIE, NI SIQUIERA A MÍ.

MÁTALO… A TODOS.

La marca comienza a subir poco a poco por su rostro. Un grito bestial de Aiden marca el pistoletazo de salida, ambos se acercan corriendo, la criatura lanza un zarpazo, intenta aplastarlo, pero Aiden corre y se desliza por debajo de sus piernas y al levantarse, apuñala con fuerza el talón del monstruo. El hueso detiene el paso de su filo, y con la fuerza de sus dos brazos, intenta sacar la hoja, pero—

La bestia pierde el equilibrio, y en un arrebato de rabia, patea a Aiden con su otra pierna. Él cae varios metros, su cuerpo choca, da vueltas y se arrastra por el concreto hasta estrellarse contra la barrera del camino. Su mano ensangrentada no soltó la espada en ningún momento, se aferra a ella de una manera que parece lastimarlo.

Y como si no hubiera ocurrido nada, Aiden levanta la cabeza con esa expresión de rabia aún grabada. La sangre se desliza por su rostro, se mezcla con su cabello y mancha sus párpados, los cuales intenta limpiar con su brazo izquierdo. El sangrado se detiene en un par de segundos, las erosiones en sus brazos, arañazos en piernas y cortes en el rostro se curan y cierran en tan solo unos momentos, queman, pero no parece importarle.

Golpea el piso con su puño y se pone de pie con rapidez. La bestia cojea, con cada paso que da se escucha como su tobillo cruje, cediendo ante su propio peso. Mancha el suelo de sangre, se acerca poco a poco.

Aiden responde. Flexiona las piernas y, de un solo salto, el concreto se sacude y levanta polvo por todos lados. Despega varios metros en el aire hasta quedar ligeramente más arriba de la cabeza del monstruo. Por unos instantes, parece estar suspendido en el aire, pero en el momento en el que la gravedad comienza con su trabajo, sostiene la empuñadura con ambas manos y apunta su filo hacia abajo.

SABES CÓMO HACERLO.

MÁTALO.

LO ODIAS, ÉL TE ODIA.

ACABA CON TODOS.

La bestia se cubre poniendo su mano frente a su cara. Aiden aterriza con toda la fuerza de su peso y atraviesa la palma de la criatura por completo, empujando la extremidad hacia el rostro solo por la inercia brutal del movimiento. El acero empala su cabeza.

La bestia grita de dolor mientras Aiden empuja el filo lo más profundo que puede. El gigante aprieta su puño y lo dirige con rabia hasta su atacante—

DETENLO.

El brutal golpe se estrella contra el brazo izquierdo de Aiden junto a un gran estruendo, deteniéndose por completo y provocando una ráfaga de viento al parar el ataque en seco.

El impacto es terrible, la espada se hunde aún más en la carne para evitar que su cuerpo salga despedido, los huesos de su brazo crujen amenazando con partirse, sus nervios chillan de dolor y cada fibra muscular se rompe, triturándose casi por completo. Sus piernas también tiemblan ante la fuerza del ataque, clavándose en la carne herida de la bestia, y con la palma de su mano izquierda, abrazando el puño del monstruo, cada dedo se aferra a los nudillos de este, clavándose como garras.

Con su brazo derecho aún sosteniendo la empuñadura de su espada con fuerza, jala y mueve el acero. La herida en el rostro de la bestia se expande aún más, sangrando con cada centímetro que el filo corta.

Desesperado, el monstruo retira su puño, listo para atacar otra vez. Sin la presión del gigante sosteniéndolo, el brazo de Aiden cae por su propio peso, como si fuera solo un trozo inútil de carne.

Aprieta los dientes y gruñe como un animal al intentar levantar su extremidad dañada, pero no responde. El monstruo se decide a atacar nuevamente y—

Aiden deja de apoyar sus piernas en la mano gigante empalada y cuelga todo su cuerpo usando su espada como soporte, desgarrando aún más la carne del monstruo hasta caer algunos metros y terminar aterrizando en el concreto con su espada aún empuñada.

El coloso aúlla de dolor, intenta cubrir sus heridas con ambas manos, unir las partes separadas, pero fracasa. El suelo se mancha de sangre sucia, oscura, casi como el petróleo e igual de densa, y con uno de sus ojos descubiertos, observa al causante de todo ese daño; un pequeño humano cubierto de sangre parado frente a él, con un trozo de metal sostenido por su mano. Pero hay algo más, algo que no le pertenece, un espectro bestial que solo el instinto animal de la criatura es capaz de percibir, una sed de sangre proveniente de una criatura tan pequeña no puede venir de una presa ante sus ojos.

El monstruo deja de gruñir, su respiración se vuelve errática, el pánico se apodera de él, y sin demora, da un paso atrás antes de dar media vuelta y comenzar a huir despavorida por la carretera. Todo tiembla ante cada torpe paso del gigante, su pierna lastimada cruje y sangra, pero no parece importarle. Corre hasta terminar perdiéndose en el horizonte, se infiltra en la espesura del bosque hasta desaparecer de la vista.

Aiden queda de pie frente al enorme vacío de la carretera. Su brazo izquierdo comienza a crujir y a retorcerse tal y como antes, reconstruyendo sus huesos y nervios. El dolor es tal que se siente como si su extremidad quisiera apartarse de su cuerpo, pero Aiden apenas se mueve, apenas reacciona hasta que el trabajo está hecho.

Su espada cae al suelo junto al sonido del acero golpeando el concreto, la sangre se desliza por el filo y se estampa contra la piedra por la inercia de la caída.

TODAVÍA QUEDA ALGUIEN MÁS.

SABES QUE SE IRÁ IGUALMENTE, COMO TODOS.

JUSTO DETRÁS DE TI.

Se voltea rápidamente con su brazo derecho por delante hasta toparse con algo. Lo toma por lo que parece ser su cuello y aprieta con fuerza.

¿QUÉ VES?

NADA, SIEMPRE HA SIDO ASÍ.

Lo levanta, algo toma su brazo.

LO SABES MEJOR QUE NADIE, ES MEJOR DE ESTA FORMA.

NADIE VA A LASTIMARTE NUNCA MÁS.

ESO ES LO QUE QUIERES.

Algo se posa sobre su rostro con suavidad.

NO LE HAGAS—

¿Qué es…?

Su vista está sumida en una niebla espesa y oscura, un vacío absoluto del que solo sobrevive una débil luz al final del todo.

—Aid…

¿Qué ocurre?, ¿Por qué no puedo ver nada?

Algo me está…

—Aiden… No t-tienes que…

Aquella luz comienza a dispersar la niebla, todo aparece lentamente frente a sus ojos; formas, siluetas, colores. Los sonidos se escuchan con más claridad, al igual que los olores.

Sus ojos pierden el color rojizo por unos instantes, lo suficiente para observar con claridad lo que está haciendo. Aiden está ahorcando a Erina. Sus pies cuelgan despegados del suelo, y sus temblorosas manos tocan el rostro de Aiden con suavidad, casi como aceptando su destino.

En cuanto esa imagen se presenta ante sus ojos, Aiden la suelta de inmediato. Erina cae bajo sus pies y comienza a toser desesperadamente, intentando recuperar el aliento.

Aiden se acerca las manos al rostro. Las observa, embarradas en sangre, temblando como si pesaran una tonelada. Sus ojos abiertos como platos no expresan nada más que terror.

Con Erina aún en el suelo, la boca de Aiden tiembla y se abre ligeramente como si estuviera a punto de gritar, pero no lo hace. Aprieta los dientes y corre hacia el bosque sin decir ni una palabra.

Erina queda atrás, su tos finalmente cede, pero el dolor punzante en su cuello aún persiste, igual que el temblor incontrolable de sus manos, como si estuvieran heladas. Al observarlas, nota que están manchadas ligeramente de sangre y polvo. Intenta calmarse juntándolas, pero los temblores no quieren desaparecer.

El pasto del bosque está húmedo por el frío, cada paso de Aiden lo levanta y destroza mientras corre a trompicones, evitando a duras penas los troncos. Una punzada intensa le atraviesa el pecho; pierde el equilibrio, choca contra uno de los troncos y cae de rodillas. Sus manos se apoyan contra la tierra, manchándola con la sangre aún fresca.

Su respiración se acelera, agita la cabeza de lado a lado y aprieta sus párpados con fuerza.

—¿Qué me hiciste…?

El viento helado mece las hojas de los árboles, es la única respuesta que obtiene.

—¡¿Qué fue lo que me hiciste…?!

Levanta su mano derecha frente a sí mismo.

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—Estuve a punto de… Tenía su cuello envuelto con estas sucias manos…

Aiden aprieta los dientes con tanta fuerza que la mandíbula le punza con solo intentar relajarla.

—Pude haberla roto… Pude haberla matado. Ni siquiera podía ver nada. ¿Eso fue lo que me hiciste? —Pregunta con una voz rota, pesada y rasposa.

TE HICE MÁS FUERTE.

—¿Más fuerte?, ¡¿Más fuerte?!

SOY QUIEN TE MANTUVO CON VIDA, TU BRAZO SIGUE ENTERO GRACIAS A MÍ.

ESTE ES QUIEN ERES EN VERDAD, YO SOLO TE MOSTRÉ EL CAMINO.

Aiden calma su respiración por unos instantes con una gran bocanada de aire.

—Tú… Tú solo me has mostrado una parte contaminada de mí, inundada de una rabia que no soy capaz de contener. Te aprovechas de cada oportunidad para hablar dentro de mi cabeza y manipularme…

¿CÓMO LO—?

Sus labios tiemblan, muestra los dientes como si fuese un animal amenazante y sus ojos se clavan en la nada.

—Te odio… odio todo lo que representas, lo que me haces sentir y lo ciego que estoy cada vez que tomas el control. No puedo llegar a comprender con claridad el alcance del odio que tengo por todo lo que haces conmigo, por tratarme como una puta marioneta, por usar sus recuerdos como… —Cierra los párpados con fuerza —Mis recuerdos no son tuyos para usarlos, ellos no son tuyos… Ya no están, y te odio por intentar manchar su memoria solo para contaminarme.

Aprieta los puños, sus dedos se hunden en la tierra.

—Me lo quitaron todo. No me quedaba nada en este mundo para mí, hasta que ella decidió quedarse a mi lado. Levantarme cada mañana y simplemente vivir se volvía un reto que no estaba seguro de poder superar… ¿Sabes el horror que se siente al saber que en cualquier momento ya no ibas a poder más?

—Luchar había dejado de tener sentido, ver pasar cada hora ante un mundo que no se detiene a esperarte era una tortura que decidí alargar quién sabe por cuántos años…

Su voz tiembla.

—El solo estar a su lado me mostró que no debía ser así, y ahora tú… Casi arrancas esa poca esperanza que estaba creciendo en mí gracias a su ayuda.

—Te odio porque nunca nada será suficiente para ti.

Sus manos se manchan con la tierra, mezclándose con la sangre.

—Solo lo diré una vez. Si te atreves a tocarle un solo cabello… —Abre sus ojos enrojecidos —Rebanaré mi garganta o me apuñalaré el corazón con tal de que dejes de existir.

—Así de tanto te odio.